alabasther

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Introducción: acerca de Tierra Estelar

Albain. Albain es solo un lugar en el inmenso espacio; otro más construido por los dioses. Y no el primero que dominan tres lunas con su sol. Vulgaris, la luna de hielo y la más grande de las tres; Lunitar, la mediana y roja como el fuego; Sorata, la más pequeña y azul. Sin embargo, existió una vez una cuarta luna, Draconis; que según dicen las leyendas se fue alejando de Albain a pasos agigantados y que, según los cuentos infantiles, aparece cada diez siglos cruzando los cielos para visitar su lugar de origen, siempre vigilante, siempre protectora de este mundo.

También cuentan que era gemela de Vulgaris y que se marchó buscando al primer sol que existió: Albain, el cual se consumió en la atmósfera poco antes de que comenzara lo que los hombres llamaron la Edad de las civilizaciones. Entonces Albain quedó sumida en la oscuridad más profunda, olvidada de los dioses, con sus lunas llorando, esperando que Albain volviera a brillar en el firmamento. Después de un tiempo de oscuridad, los dioses regresaron, pero algunos ya no eran como antes; algunos habían ennegrecido su corazón. Haimat, el dios de la luz, creó entonces un segundo sol: Hasian, cuya luz era tan brillante que se dice cegaba hasta a su propio creador; pero las tres lunas despertaron de su letargo agradecidas.

Las Tierras que las tres lunas de Albain protegen son mundos conectados entre sí por la fuerza de la magia y que por algún capricho de los dioses no conocen de sus existencias más unos pocos elegidos al azar.

Cuatro son los mundos que crearon los nuevos dioses en Albain: Sylphon; Grouphon, Quadariam, tierras destinadas a los seres que crearían, y Stellaphon, la tierra de los dioses, su paraíso y hogar.

En aquellos años en que los dioses habían creado Stellaphon gozando de sus placeres crearon en primer lugar a los dragones, seres semejantes a ellos en poder y sabiduría; fuertes y capaces de crear por sí mismos. Pero Albain, que había estado sumido en la oscuridad mucho tiempo, no se había desecho del resentimiento que había estado guardando en todo momento desde que lo abandonaron; y refugiándose tras el orgullo de los dragones, éstos osaron desafiar a los dioses. Creyéndose superiores, los dragones lucharon contra los dioses en condiciones muy igualadas, pero su osadía, su orgullo, les llevó demasiado lejos, y los dioses les hicieron pagarlo caro con el veneno de la maldición. Los transformaron en reptiles pequeños, seres incapaces de hablar, incapaces de utilizar su poder, su magia, su sabiduría… y los llamaron ejásjistos, los primeros seres que poblaron Stellaphon.

Después de aquello sin embargo, los dioses no estuvieron tranquilos; y Albain, queriendo vengarse aún de ellos, a pesar de las súplicas de sus lunas, provocó disputas entre ellos. Al principio fueron pequeñas rencillas; luego empezaron las amenazas y por último, las guerras.

Aquella fue la época más dura de Albain. Albain no quería destruirse, solo quería que los dioses lo dejaran en paz… pero las guerras le afectaron. Le hicieron daño y durante mucho tiempo. Protegió a sus criaturas como pudo, hasta que pasara la tormenta; y entonces, los dioses de la luz liderados por Haimat, y los dioses del destino, liderados por Houl, aliados, comprendiendo el dolor que aquel mundo, comprendiendo también que no podían seguir así, le concedieron una oportunidad. Derrotaron a aquellos dioses que se habían negado a abandonar Albain y crearon Tierra Estelar a partir de las cenizas de Stellaphon. Con ayuda de otros dioses le dieron vida a Tierra Estelar, y crearon las aguas, los bosques, las montañas, los desiertos, las islas y los habitantes. Y la dotaron, como al resto de las Tierras de Albain, de magia. Magia que llegaría a través de los Dior Que Laf en forma de piedras preciosas; magia que estaría controlada y cuidada en todo momento por una única raza: los fairies.

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